Un informe internacional que encendió alarmas sobre el impacto climático de los residuos urbanos volvió a poner en el centro del debate al sistema de disposición final del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). El estudio del proyecto STOP Methane, desarrollado por investigadores de la Universidad de California, ubicó a un relleno sanitario operado por CEAMSE entre los principales puntos de emisión de gas metano detectados a escala global.

Tras la difusión del relevamiento, la empresa pública salió a responder y defendió el funcionamiento de sus complejos ambientales, asegurando que cumple con estándares ambientales y que mantiene sistemas activos de mitigación y control de emisiones.
La discusión: qué mide el estudio y qué cuestiona CEAMSE
El informe internacional utilizó observaciones satelitales para identificar grandes fuentes emisoras de metano, uno de los gases de efecto invernadero más potentes y con mayor capacidad de calentamiento en el corto plazo.
Dentro del ranking difundido, el Complejo Ambiental Norte III, operado por CEAMSE y ubicado en el norte del conurbano bonaerense, apareció entre los sitios con mayores emisiones registradas.
La respuesta oficial de la empresa apuntó directamente a la metodología utilizada.
En un comunicado, CEAMSE sostuvo que el ranking “se basa en mediciones satelitales puntuales, bajo condiciones atmosféricas particulares”, y argumentó que ese enfoque no reflejaría el comportamiento completo y dinámico de las emisiones de un relleno sanitario operado de manera continua.
Según la empresa, los complejos ambientales funcionan bajo estándares técnicos y regulatorios vigentes y vienen incorporando tecnologías específicas para reducir emisiones de gases de efecto invernadero.
Captura de biogás y bonos de carbono
Uno de los principales argumentos de CEAMSE para responder al informe fue el sistema de captación de biogás instalado en Norte III.
La empresa explicó que el metano generado por la descomposición natural de residuos orgánicos es capturado mediante una red de pozos y derivado hacia plantas donde recibe tratamiento controlado para evitar su liberación directa a la atmósfera.
Además, informó que desde 2025 inició un proceso de fortalecimiento de su estrategia climática mediante la certificación de bonos de carbono, bajo el programa internacional VERRA y el estándar Verified Carbon Standard (VCS).
Entre los objetivos declarados del proyecto se encuentran:
- Reducir emisiones mediante captura y tratamiento de metano.
- Incrementar la valorización energética del biogás.
- Disminuir el impacto climático asociado a la disposición final de residuos.
- Validar resultados bajo mecanismos internacionales de monitoreo y verificación.
De acuerdo con CEAMSE, durante abril de 2026 el sistema alcanzó una captación de aproximadamente 16.000 m³/h de biogás, lo que representaría un aumento del 16% respecto de registros previos.
Energía a partir de residuos y monitoreo con drones
La empresa también destacó que desde 2012 opera plantas de generación eléctrica alimentadas por biogás proveniente del relleno sanitario.
Actualmente el complejo posee una capacidad instalada de 23 MW, con una ampliación prevista hasta 33 MW, volumen que —según la entidad— permitiría abastecer entre 100.000 y 120.000 personas.
Entre las medidas recientes incorporadas aparece también el monitoreo de emisiones fugitivas mediante drones equipados con tecnología Sniffer, una metodología aprobada por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA).
Un debate abierto sobre residuos y cambio climático
Más allá del intercambio técnico, el episodio vuelve a instalar una discusión de fondo: el rol de los rellenos sanitarios dentro de la crisis climática.
El metano generado por residuos orgánicos representa una fuente relevante de emisiones globales y organismos internacionales vienen señalando la necesidad de reducir generación de basura, mejorar separación en origen y avanzar hacia modelos de economía circular.
Desde CEAMSE sostuvieron que la eventual detección de emisiones no invalida los sistemas de control existentes, sino que evidencia la complejidad de gestionar residuos a gran escala y la necesidad de continuar profundizando inversiones e infraestructura.
El debate ahora queda abierto entre dos preguntas centrales: cuánto emiten realmente los grandes rellenos sanitarios y qué velocidad tendrá la transición hacia modelos urbanos con menor dependencia del enterramiento de residuos.