Empresas líderes de distintos sectores analizaron en Future4 Circularity 2026 cómo integrar la circularidad en el núcleo del negocio para ganar resiliencia, reducir dependencias y generar valor en un contexto de máxima. presión regulatoria y geopolítica
RETEMA
El segundo panel de Future4 Circularity 2026, celebrado el pasado 25 de marzo en el Auditorio El Beatriz de Madrid, reunió a representantes de compañías de referencia para abordar el papel de la economía circular desde la perspectiva empresarial. En un contexto marcado por la volatilidad global, la presión sobre los costes y la creciente exigencia normativa, el debate puso el foco en una cuestión clave: cómo convertir la circularidad en una palanca real de competitividad y no solo en un ejercicio de cumplimiento.
Moderado por la periodista de ciencia y tecnología y colaboradora de RETEMA, Patricia Ruiz Guevara, el panel contó con la participación de Beatriz Herrera, directora de Planificación Estratégica, Reputación y Sostenibilidad de Mahou San Miguel; Mar Perrote, directora de Seguridad, Medioambiente y Calidad de Moeve; Elena Aldana, directora de Relaciones Institucionales y Sostenibilidad de Carrefour España; Andrés Fernández, director global de Sostenibilidad de Mango; y Carolina Gregorio, Sustainability Policy and Advocacy Strategy Director de Dow.
A lo largo de la sesión, los ponentes coincidieron en señalar que la economía circular ha dejado atrás su fase conceptual para integrarse en la estrategia de negocio de las compañías. Sin embargo, también advirtieron de que su consolidación a gran escala sigue condicionada por factores estructurales —desde la regulación hasta el mercado o la disponibilidad de recursos— que exigen avanzar con mayor coordinación, inversión e innovación.

De la obligación a la ventaja competitiva: la circularidad se integra en el core del negocio
El arranque del panel evidenció un cambio de paradigma compartido por los grandes actores empresariales: la economía circular ha dejado de ser una cuestión de cumplimiento para consolidarse como un elemento central de la estrategia corporativa. Desde distintos sectores —alimentación, energía, distribución, textil o industria química—, los participantes coincidieron en señalar que la circularidad ya no se aborda como una exigencia externa, sino como un mecanismo de competitividad, diferenciación y generación de valor.
En este sentido, Beatriz Herrera (Mahou San Miguel) abrió el debate señalando que, si bien el proceso comenzó por cumplimiento, hoy la estrategia «va de competir» para obtener la «licencia social» que el ciudadano demanda, integrando esta visión desde el diseño hasta la comercialización. En una línea similar, Elena Aldana (Carrefour España) reforzó esta idea al definir la circularidad como una «oportunidad estratégica» ya presente en el ADN de la compañía. Aldana subrayó la naturaleza transversal de este reto, que afecta a todas las áreas del negocio y se materializa en la colaboración estrecha con proveedores para optimizar recursos críticos como el agua y la energía.

«La economía circular no se pilota desde un departamento estanco; es una manera de hacer transversal que involucra desde el diseño hasta el equipo industrial», señaló Beatriz Herrera.
La gestión de los recursos naturales fue un punto clave también para Mar Perrote (Moeve), quien introdujo el concepto de «transformación azul». Para Perrote, el agua no es solo un recurso a proteger frente al estrés hídrico, sino la materia prima esencial para el hidrógeno verde y el pilar de su estrategia Positive Motion. Bajo su enfoque, la economía circular no busca solo generar menos residuos, sino «producir mucho mejor» con menos recursos, transformando la actividad industrial hacia los biocombustibles, el biometano y la química sostenible.
Por su parte, Andrés Fernández (Mango) y Carolina Gregorio (Dow) destacaron cómo la circularidad actúa como oportunidad estratégica y escudo ante la inestabilidad global. Fernández incidió en que el uso de materiales reciclados y la durabilidad del producto son fundamentales para garantizar la «resiliencia» frente a la volatilidad de las materias primas y los conflictos geopolíticos, generando además valor y empleo local. Desde la industria química, Gregorio elevó la apuesta al señalar que la circularidad es sinónimo de resiliencia industrial y autonomía estratégica, especialmente para Europa y España. La directiva de Dow concluyó que el valor real de la economía circular no surge del mero cumplimiento normativo, sino de la innovación disruptiva capaz de «resolver problemas de circularidad que hoy en día no tienen solución técnica».
En conjunto, las intervenciones dibujaron un panorama donde la economía circular se consolida como una palanca de diferenciación y crecimiento a largo plazo. Desde la producción de moléculas circulares hasta el diseño de moda duradera o la gestión hídrica en el gran consumo, el mensaje fue unánime: la integración total de la sostenibilidad en la cadena de valor es la única vía para garantizar la resiliencia industrial y la relevancia ante el consumidor del futuro.

En palabras de Carolina Gregorio: «No generaremos valor dando solo cumplimiento normativo; el valor surge cuando vamos más allá y resolvemos problemas de circularidad que hoy no tienen solución técnica».
De la estrategia a la operación: cómo la circularidad se materializa en decisiones, inversión y procesos
Si en el primer bloque la economía circular se consolidaba como un instrumento estratégica, en el segundo la conversación avanzó hacia su aterrizaje práctico dentro de las compañías. Beatriz Herrera (Mahou San Miguel) subrayó que en la cervecera no existe un departamento estanco de sostenibilidad, sino «una manera de hacer» transversal que involucra desde I+D+i hasta compras y equipos industriales. Esta integración se materializa en hitos como la nueva planta de biomasa de Alovera, capaz de reducir un 95% las emisiones del centro, y en una logística más eficiente que permite reutilizar materiales en los puntos de venta.
Esta visión de eficiencia fue compartida por Elena Aldana (Carrefour España), quien destacó que la compañía ya valoriza el 99% de sus residuos. Aldana enfatizó que el impacto real solo se logra trabajando engranados como una «cadena agroalimentaria», mediante acuerdos con proveedores para la gestión de envases y la recuperación de manantiales, anticipándose así a retos futuros como el sistema de depósito y devolución de residuos.

Elena Aldana afirmó que: «solo lograremos un impacto real si trabajamos como una cadena agroalimentaria, con todos los eslabones engranados y trabajando en conjunto».
En el sector energético y de materiales, la circularidad se traduce en inversiones de escala histórica para garantizar la autonomía estratégica. Mar Perrote (Moeve) detalló cómo su estrategia Positive Motion se sustenta en proyectos milmillonarios, como la construcción de la mayor planta de biocombustibles del sur de Europa o el desarrollo de iniciativas de hidrógeno verde. Para Perrote, depender de recursos autónomos como el agua o el viento frente a materias fósiles es una «ventaja competitiva fundamental» en un contexto geopolítico volátil. En una línea similar, Carolina Gregorio (Dow) reivindicó el papel de la industria química como habilitador transversal, advirtiendo que la circularidad es la única vía para desacoplar el crecimiento de los combustibles fósiles. Gregorio señaló que Dow está «yendo más allá» a través de la innovación en ecodiseño y alianzas con recicladores avanzados para tratar plásticos que hoy terminan en vertederos, garantizando así que la industria permanezca en Europa.
Por último, el sector textil ejemplificó el desafío de adaptar el producto a las nuevas exigencias de durabilidad y reciclaje. Andrés Fernández (Mango) explicó que la compañía se sitúa en el lado más exigente del futuro reglamento de ecodiseño, formando a sus equipos para que sus prendas alcancen el «mejor espectro de durabilidad posible». Fernández destacó que, aunque persisten retos tecnológicos en la separación de fibras a gran escala, Mango ya ha alcanzado un 32% de materiales reciclados en sus colecciones y lidera iniciativas de colaboración como el scrap textil Reviste. El consenso final de los ponentes reflejó que, ya sea mediante la transformación de refinerías en parques energéticos o el rediseño de una prenda de vestir, la circularidad es hoy la herramienta indispensable para dinamizar la industria, ganar resiliencia y asegurar la competitividad en un mercado global.